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No había pasado una hora de que Beligoy diera por finalizado el Súper en Córdoba que Arruabarrena enfrentó los micrófonos sin disimular la calentura. Hacía referencia a lo que recién había sucedido pero pensando en lo que vendrá: la cuenta regresiva para la definición empezó. Y la meta lo desvela. La roja de Monzón le molestó por lo que significó la expulsión el sábado -el equipo jugó 62 minutos con un hombre menos-, pero sobre todo “porque son pequeños detalles que en este final del campeonato no pueden ocurrir”. Si antes del partido ya tenía decidido que Colazo volvería el domingo al lateral, con la imprudencia del expulsado lo reconfirmó. El Vasco admitió que habían hablado del tema en la previa y anticipó que volverá a tener una charla con él. No especificó si complicará la continuidad del jugador que llegó a préstamo de Catania y por el que deberán negociar si quieren lograr la continuidad en el 2016. Estas actitudes (al igual que sus desconcentraciones nunca corregidas en los partidos) le juegan en contra.

Si bien partidos como el de Córdoba “sirven para que los jugadores le demuestren al técnico que el equivocado es uno que no los pone habitualmente” y haya valorado “el ordenamiento general tras quedarnos con 10” y la entrega de Chávez y Pavón, el punto más positivo que encontró el DT fue “que no hayan quedado lesionados”. No es casualidad: Meli (estaba estipulada su salida más allá del resultado) y Bentancur se disputan un lugar en el medio para el domingo. Pablo Pérez, quien el sábado se entrenó con normalidad en Buenos Aires, será titular en Avellaneda. El objetivo es otro. Lo dijo el Vasco y no hace falta subtitularlo para entenderlo. Hoy empieza la que puede ser la última semana de los años perdidos. Si los resultados lo acompañan, en el Cilindro puede haber nuevo campeón. La cuenta regresiva está en marcha.


                                 


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