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“Lo ganamos a lo Boca”, declaró Carlos Tevez apenas terminó el clásico. Y tiene razón Carlitos. Porque si algo se le reclamaba a este Boca era autoridad, personalidad, garra para los partidos decisivos. Y un Superclásico, se sabe, es un campeonato aparte dentro del mismo torneo.

Este choque, era, además, clave para que el Xeneize pudiera volver a la punta luego de la derrota de la semana pasada ante San Lorenzo. También, se trataba del primero luego de la eliminación de la Copa Libertadores, en el ya famoso partido que terminó en los escritorios de la CONMEBOL.

El triunfo tiene un enorme valor anímico para Boca. Porque le permite encarar el tramo final del torneo demostrando algo fundamental: carácter en las difíciles. River había sacado ventaja en los Superclásicos eliminatorios por las Copas (Sudamericana y Libertadores) apelando a la garra, la pierna fuerte –muchas veces al límite y con la pasividad de los árbitros-, ante un Boca que se vio superado siempre desde lo anímico.

Lodeiro le dio una victoria clave a Boca. Por eso, de entrada y de la mano del Apache, empezó a marcar la cancha. Lo hizo ante Ponzio, el patrón del equipo de Gallardo. Hablando, discutiendo cada pelota, marcándole al árbitro cada falta del volante, que muchas veces juega al límite. En ese terreno, esta vez, el Xeneize no fue superado, aunque volvió a tener que sufrir un arbitraje que en algún punto lo perjudicó: el árbitro debió haber expulsado a Ponzio, quien varias veces caminó por la cornisa.

Pero Herrera se equivocó y fue el propio Gallardo el que corrigió el error del juez: para no quedarse con uno menos, lo sacó a los 35 del primer tiempo. De todos modos, aunque se mantuvo con 11 en cancha, la ausencia del caudillo fue una baja muy sensible para los de Núñez.

Los xeneizes no se dejaron llevar por delante. ¿Cuánto tuvo que ver Carlitos? Mucho. La actitud de Tevez se vio desde el arranque, en la previa al inicio del partido: arengando, alentando a cada uno de sus compañeros, recordándoles en cada mirada lo que se estaban jugando, el partido que tenían por delante.

Es cierto: Boca no hizo un gran partido desde lo futbolístico, pero no resignó ni una gota de sudor dentro del campo de juego. Peleó y ganó muchas pelotas divididas, puso garra y pierna fuerte, sin deslealtad. Jugó con el corazón. Como deben disputarse los Superclásicos. El propio Tevez estuvo deslucido desde el juego, pero fue el estandarte de este triunfo.

El 1 a 0 fue un respiro importante sin dudas para el Vasco, que llegaba muy cuestionado por la poca efectividad que bajo su conducción mostró Boca en los clásicos. Una derrota, está claro, hubiera dejado al DT muy comprometido. Ahora, le quedarán a los de la Ribera otras finales: Racing, por caso, y hasta el propio Central, sorpresivo protagonista de este certamen, en la última fecha y de visitante. Pero si sabe aprovechar el envión de este triunfo, estará más cerca de la gloria.

Decíamos en la previa a este encuentro, que Tevez era la gran esperanza de Boca. Y luego del Superclásico se refuerza la idea: da la sensación de que con Carlitos todo es posible para cortar la sequía de títulos.  


                                 


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